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Comentario a la presentación de Jorge Alis en Viña 2014

Subirse al Festival de Viña a hacer humor ya es difícil, pero subirse siendo argentino (llevamos 30 años pifiando a cualquier argentino que no cante), siendo desconocido para el público masivo/televisivo, sin rutinas musicales, después de Laura Pausini y además haciendo un humor más bien complejo como es el monólogo (hay que reconocer que el standup tiene un segundo extra de reflexión que puede hacer que un público quede plop y no entienda una mierda), todo esto puede resultar un suicidio. Yo no sé si alguien no pensó "a este pobre weón se lo van a comer con papas". Pero claro, los que habíamos visto las rutinas de Jorge Alís sabíamos que era muy posible que lo lograra y el weón lo logró.
Desde Dinamita Show en 1996 el humor de Viña pasa por cuatro tipo de comediantes:
1.- El Flayte que te apunta con chistes de pobla y que saluda a la galería y habla de narcotráfico y puñalás en la raja pero termina saludando a la alcaldesa y a toda la clase alta que antes lo correteaba con los pacos y que siempre dice "un saludo pa los cabros de la villa no sé cuanto y muchas gracias, venimos de la calle y hemos sufrido más que la cresta. Se puede salir de la pobreza creyendo en un sueño, sigan adelante hermanos y un saludo pa mi hija que está en la casa y a mi abuelita que me enseñó a vivir" pero que al final sólo se salva porque, en alguna medida, igual con ese humor le mete la punta a la televisión cartuchona y hace reír;
2.- También está el viejo que se viene a resucitar en el escenario y que espera a que si no lo pifean al tiro es porque ya dio lástima contando chistes de pollitos y de huasitos entonces pasó piola y la gente respeta al artista nacional. El típico weon que cree que con un chiste político va a generar conciencia de clase y termina yéndose en pifiadera antes de que se le seque la boca y cagó;
3.- Está el llorón que sube al escenario a contar que tuvo una infancia terrible: que cantó en la calle, que bailó en la calle, que durmió en la calle, que salió adelante y aunque un manager se lo cagó, igual salió adelante y entonces ese humorista por lo general llora y llora y sube a los hijos al escenario (onda Melon y Melame) y promete weas y termina contando chistes de "fletitos" y "peruanos" y toda esa mierda apestosa del chileno mirador en menos, que al final tironea la gaviota más que el Puma;
4.- Y está el weón con cancha que cuenta chistes (Bombo Fica, Kramer, Dino Gordillo, Álvaro Salas, Coco Legrand y pare de contar)que sale con rutinas caladas, probadas y que no deja mucho a la imaginación porque hace la pega, la gente se ríe y listo.
La gracia de Alís es que supo rescatar lo bueno de todos los anteriores pero en un formato un tanto distinto para la quinta, más rápido, más preparado. No olvidemos que los que intentaron pasar de la tele a Viña por lo general se fueron a la mierda (Vane Miller, el Carmelo, Salomón y Tutututu, etcétera) y a pesar de que muchas rutinas que presentó anoche las habíamos visto en La Red o en Mega, igual la gente se entretuvo y aprendió a reírse con un humor que tiene un timing distinto, un poquito más reflexivo si se quiere y que afortunadamente puso elementos de humor negro sin caer en la xenofobia ratona, en reírse de homosexuales o mapuches. Bien! Además se emocionó pero siguió adelante porque está claro que el humor es sin llorar.
No es un secreto que este año el standup se viene fuerte. Edo Caroe, Felipe Avello, Natalia Valdebenito, J. M. Villouta, Vane Miller y varios más que ya están desde hace un tiempo montando espectáculos de monólogo en teatros y bares, y con ellos el público está transitando desde la televisión a los teatros; dialogando entre discursos que se pinchan como contenidos en redes, que se enlazan desde la televisión hasta una sala y que van generando un nuevo movimiento en el que el público que quiere reír, busca en el standup esa velocidad que no permite el espectáculo tradicional de humor de revista o de circo.
Quizá lo más importante de Jorge Alís es que nuevamente abrió una puerta al ejercicio del standup, del monólogo humorístico en espectáculos masivos, y también le abre una puerta otra vez a la idea de que podemos ver en escena a un actor que no se sale del papel para pedir escenario, sino que cumple con dialogar discursivamente con un público en vez de dar el testimonio atroz de una realidad patética o lisa y llanamente aburrida como la de los cuicos riéndose de los rotos o de los huasos. Además ha demostrado que se puede subir a un escenario sin decir, como Arjona, que cantó en la calle antes de ser famoso, sin subir a la parentela al escenario o, peor aún, sin recurrir a tirarle guiños a la galería como la Argandoña cuando dijo que una vez fue cuma/pobre/negra mientras mostraba los anillos al saludar, porque ojo, uno va a reírse y no a recibir consejos de cómo cambiar tu vida y, menos aún, a esperar a que un comediante te diga que el esfuerzo, dios y el trabajo dignifican. Pa la casa con esos discursos moralinos. Bienvenido el simple hecho de reír de buena gana.
Arturo LedeZma - Crítica de teatro - Jorge Alís - NUEVO - StandUp Comedy - Viña 2014
Comentario de la obra La Corista
por Arturo LedeZma
Una de las cosas que uno le pide al teatro es
la experiencia que te saque un rato del lenguaje de la tele o del twitter y en La Corista un poco pasa eso, porque en
una hora de función, y en una sala muy acogedora y mínima, ocurre que te
desprendes del vicio atroz de las historias enormes y entras al indoor de un una vida pequeña, la de una
corista y su amante y la mujer del amante mientras afuera ocurre el paso de los días siempre
oscuros que tienen las historias en las que el amor se ejecuta a cortinas
cerradas.
Anton Chéjov escribió este cuento en el año 1886
y Fernanda Toledo en dramaturgia lo adaptó para el 2014 sin quitarle ese tono
pomposo que tenía la vida en el siglo 19 y sin ponerle o imponerle una
velocidad de trending tópic.
El vestuario es fantástico. La escenografía es
impecable y se aprovecha enormemente un espacio pequeño e íntimo como es el Taller
Siglo XX Yolanda Hurtado con un decorado bellísimo y un elegante trabajo de
iluminación que terminan por darle clima y pulso a una obra que llama la
atención por lo pulcra.
La corista nos habla de la historia de Nicolai Kolpakov (Moisés Angulo) que
tiene por amante a Pasha (Nicole Needham) y de su esposa Anna Kolpakov (Ana
Burgos) que reclama a la corista, no el amor de su marido, sino la mínima
fortuna que ella supone que ha recibido aunque en realidad él jamás le dio casi
nada. Con ello aparece en escena la verdadera infidelidad del hombre (que demuestra
que el sexo fuerte las viene cagando desde hace siglos), esa que es doble
porque engaña a ambas, cada cual a su manera, y todo se resuelve a pesar suyo
quien, huyendo o escondiéndose, termina por desilusionar a sus dos minas las que
al final remedian entre ellas, y de una manera terrible si se quiere, la
pelotudez del macho sumido en un juego de apariencias sociales y mediocridad.
Bueno, es una constante que cualquier conflicto en el mundo casi siempre se
resuelve bien cuando es mediado por un acuerdo entre mujeres.
Me gustaron las interpretaciones y en especial el trabajo de Ana
Burgos porque representa fielmente la dignidad dura de las mujeres que cumplen
su rol con fortaleza, y en general podría decir que cada uno de los actores
proponen sus papeles muy bien porque son simples y dan con ese tono fantásticamente pálido que
tiene Chéjov en su narrativa. A mí, personalmente, siempre me pasa con Chéjov
lo que me pasa en el cine con Polansky, ya que logran que en la historia que se
cuenta se mantenga estiradamente un tono que de repente nada más se interrumpe
y todo se acaba para dar el final en la cabeza del espectador. La Corista reluce así por sostener esa
atracción con el público que uno termina de digerir (o acaso comprender) unos
segundos después que todo se fue a negro y te das cuenta que la obra funciona
como reloj.
Pónganle atención a la Compañía La Juana Pérez porque hacen un trabajo impecable. Espero que pronto tengamos una nueva temporada de La Corista porque es del tipo de ejecuciones que vale la pena ver y recomendar.
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